Las proteínas de la leche de vaca son las que, con mayor frecuencia, producen reacciones de alergia en los lactantes a través de la leche materna o por el consumo de fórmula. La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) conduce a una gran variedad de síntomas, entre las que predominan malestares digestivos y es seguido en frecuencia por signos en la piel y el sistema respiratorio.
Durante el primer año de vida, la APLV es la forma más frecuente de presentación de la alergia alimentaria y sus síntomas pueden ser: ardor de estómago, sangre en las heces, falta de apetito, dolor abdominal tipo cólico, diarrea y/o estreñimiento.
Generalmente, los síntomas se desarrollan una semana después de la introducción de la leche de vaca, aunque pueden presentarse luego de 24 a 36 semanas. El desencadenante es la leche de vaca y las fórmulas o los alimentos a base de ella, posiblemente porque esta es la primera proteína.
Síntomas
El inicio de los síntomas se presenta cuando existe una exposición a la proteína de la leche de vaca, bien sea a causa del consumo de productos lácteos por parte de la madre que se encuentra lactando, por el consumo de fórmulas infantiles o directamente por el consumo de leche de vaca.
Según la gravedad y el tiempo de la reacción, los síntomas pueden presentarse de tres maneras:
- Inmediatas: Ocurren antes de 30 min y se caracterizan por la aparición de reacciones algunas partes de la piel como ronchas que causan mucha comezón, erupciones, enrojecimiento, hinchazón repentina y notoria, dificultad para respirar.
- Mediatas: Se dan luego de unas horas, generalmente con síntomas gastrointestinales.
- Tardías: Se presentan entre el primer y quinto día, caracterizada por síntomas intestinales, respiratorios o de la piel como congestión nasal, flujo nasal, resequedad y picazón en la piel, ronchas, hinchazón repentina y notoria, dificultad para respirar.
Diagnóstico
El diagnóstico preciso es importante para evitar que los lactantes sean sometidos a dietas donde les restringa alimentos de forma incorrecta, las cuales pueden tener un efecto sobre el crecimiento y el desarrollo a largo plazo. La mayoría de los niños presentan dos o más síntomas, sin embargo la presencia de una sola de estas manifestaciones no descarta la posibilidad de alergia.