Los hongos son seres vivos muy pequeños que están casi en todas partes, aunque no siempre podamos verlos, forman parte del ambiente natural y pueden encontrarse en el suelo, las plantas y también dentro de nuestras casas. Para crecer necesitan principalmente tres cosas: humedad, una temperatura adecuada y algo de qué alimentarse, como polvo, madera, papel, pintura o telas. Cuando estas condiciones se juntan, los hongos pueden desarrollarse con facilidad.
¿Dónde encontramos Moho?
En el aire siempre hay pequeñas partículas llamadas esporas, que son como “semillitas” de los hongos. Estas esporas viajan de un lugar a otro y pueden entrar a las casas por puertas, ventanas o incluso en la ropa. Normalmente se encuentran en cantidades bajas y no causan problemas. Sin embargo, si en una vivienda hay humedad durante varios días o semanas, las esporas pueden instalarse y comenzar a crecer en paredes, techos, muebles, alfombras o ropa. A este crecimiento visible se le conoce comúnmente como moho.

No todas las áreas de la casa tienen el mismo riesgo de presentar moho. Los lugares más propensos son aquellos donde hay más humedad y poca ventilación. Por ejemplo, los baños, las lavanderías y los sótanos suelen ser espacios donde se acumula vapor de agua. Si no se ventilan bien o si existen goteras y filtraciones, el riesgo aumenta. En cambio, habitaciones como recámaras y salas suelen tener menos humedad, aunque también pueden verse afectadas si hay problemas constantes de agua o condensación en ventanas y paredes. Cuando los hongos crecen, producen sustancias que generan el característico olor a humedad, ese olor puede quedarse en la ropa, los muebles y otros objetos.
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Síntomas
Los más comunes son estornudos frecuentes, nariz tapada o con escurrimiento, comezón en la nariz o la garganta, ojos rojos o llorosos, tos y dificultad para respirar. En quienes padecen asma, también puede haber silbidos en el pecho y sensación de presión al respirar, estos síntomas pueden empeorar cuando la persona pasa mucho tiempo en un lugar con humedad y moho.
Cuando alguien es alérgico a los hongos, su sistema de defensa reacciona de manera exagerada al entrar en contacto con ellos, esta reacción provoca inflamación en las vías respiratorias, lo que puede empeorar enfermedades como la rinitis alérgica o el asma, además, en algunas personas también pueden agravarse problemas de la piel, como resequedad o irritación.
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Prevención y control
Para evitar estos problemas, se habla de tres niveles de prevención. La prevención primaria busca impedir que aparezca la enfermedad, sobre todo en niños que tienen mayor riesgo de desarrollar asma, esto se logra manteniendo la casa seca y limpia. La prevención secundaria se aplica a personas que ya tienen alergias o asma, y consiste en reducir al máximo el contacto con el moho para evitar que presenten síntomas. Finalmente, la prevención terciaria incluye el uso de medicamentos indicados por el médico para controlar los síntomas y prevenir crisis más fuertes.

La medida más importante para evitar el crecimiento de hongos en casa es controlar la humedad. Esto significa reparar goteras, arreglar filtraciones, secar rápidamente cualquier derrame de agua y mejorar la ventilación abriendo ventanas o usando extractores de aire. También es importante limpiar adecuadamente las zonas donde ya haya moho. Mantener la casa seca y bien ventilada no solo protege las paredes y los muebles, sino que también ayuda a cuidar la salud de toda la familia.
REFERENCIAS
1. Mold allergy revisited. Portnoy, Jay M. et al. Annals of Allergy, Asthma & Immunology, Volume 114, Issue 2, 83 – 89